Estos despites y malos hábitos provocan averías en tu coche

Despistarse ocasionalmente es normal. Somos humanos y es lógico cometer errores. Sin embargo, con el coche, la cosa cambia. Y es que, con nuestro vehículo no nos podemos permitir fallos ni al volante ni a la hora de mantenerlo si lo que queremos es preservar nuestra seguridad (y la de los demás) así como la 'salud' de nuestro automóvil...

En cuanto a los fallos, es normal que, a mayor experiencia, menos cometamos con lo que nuestra seguridad vial ganará enteros. Mientras, al contrario, los malos hábitos al conducir se van adquiriendo con el tiempo y van a más.

Despistes y malos hábitos que provocan averías

Lo peor de esto es que muchos de ellos, igual que los despistes, pueden afectar no sólo a nuestra seguridad y a tu bolsillo, sino también a la salud de tu vehículo provocando averías, en algunos casos graves (y costosas)

Saltarse los mantenimientos periódicos

Es el primer error que puedes cometer con tu coche. Si bien los coches actuales nos avisan si ha llegado el momento de la revisión periódica o de si algún elemento (aceite, refrigerante...) necesita ser sustituido o repuesto, lo cierto es que muchos conductores desoyen estos toques de atención.

Ten presente que un aceite degradado realiza una peor lubricación y refrigeración del motor, lo que en el caso más extremo puede provocar el gripado del motor. Asimismo, las revisiones periódicas nos permiten sustituir cuando toque elementos como líquido refrigerante, filtros (aceite, combustible...), líquidos de frenos, correa de distribución...

Además, permite conocer el estado de otros componentes (amortiguadores, neumáticos, discos y pastillas de freno...) que no tienen un intervalo periódico de sustitución y, en su caso, detectar anomalías que aconsejen su reemplazo.

Ignorar los testigos del motor

Vinculado al anterior, no conviene ignorar ni posponer ningún testigo ni aviso que se encienda en el cuadro de instrumentos. Ignorar estos avisos lo único que provocará es que el problema se agrave, por no decir que aumentará el riesgo de quedarnos 'tirados' en carretera o, peor aún, sufrir un accidente en función del elemento que se encuentre afectado.

¿Qué averías puede indicar un testigo encendido? Puede tratarse desde una obstrucción del filtro antipartículas FAP, la válvula EGR… hasta una pérdida de presión de aceite como consecuencia de un nivel bajo o un sensor que esté ofreciendo una lectura errónea.

Dejarse las luces encendidas

Por suerte es algo cada vez menos habitual, ya que la mayoría de coches en circulación incorpora algún avisador para evitar que nos dejamos las luces encendidas. No obstante, no se nos avisará si nos dejamos las luces de posición o estacionamiento, al estar pensadas para indicar la presencia del coche al estacionar en zonas con poca visibilidad.

En este caso el peor problema que puedes tener es que te quedes sin batería, si bien también podría pasar que alguna lámpara ya desgastada se fundiera.

No pisar correctamente el pedal del embrague

Esto es algo que deberíamos tener automatizado desde la autoescuela. Por pisar correctamente el pedal del embrague entendemo varias situaciones: pisar el embrague hasta el fondo para cambiar de marcha; no dejar apoyado el pie en el pedal (para eso tenemos un reposapiés); y no dejar el embrague pisado y la marcha engranada en las retenciones, un semáforo... Pon siempre punto muerto.

Seguir estos consejos, alargará la vida del embrague de tu coche, evitando un desgaste prematuro debido a una fricción excesiva e innecesaria.

Apoyar la mano sobre la palanca de cambios

Este es otro despiste típico en el que no debemos incurrir, al igual que como comentábamos sobre el pedal del embrague. La palanca de cambios está directamente conectada a la caja a través de una serie de varillas.

Así, al apoyarnos sobre ella estamos ejerciendo una fuerza que acabará deteriorando las diferentes articulaciones y uniones de las varillas, lo que da lugar a un manejo impreciso de la misma, cuya única solución suele pasar, como no, en desmontar la caja de cambios de nuestro coche y reparar el sistema.

No revisar las presiones y estado de los neumáticos regularmente

Por desgracia, este despiste o mal hábito es más común de lo que parece. Sin embargo, llevar la presión correcta en los neumáticos tiene múltiples beneficios, pues circularemos más seguros, consumiremos menos combustible y estaremos alargando su vida útil.

Revísalos, al menos una vez al mes, para comprobar su presión y estado, fijándote en si existe un desgaste irregular, algún tipo de grieta o deformación... Y es que además de mejorar nuestra seguridad en carretera evitaremos posibles averías en la suspensión, los sistemas electrónicos, la dirección, o los discos de freno.

Dar acelerones (y más en frío)

Este mal hábito sólo tiene dos consecuencias: excesivo gasto de carburante y problemas en el motor. Aunque es cierto que el motor funciona mejor cuando alcanza su temperatura óptima de trabajo, esta no debe alcanzarse pisando a fondo el pedal del acelerador.

Así, si tu coche es de gasolina, enciende el motor y sal inmediatamente, circulando con suavidad. Y si es diésel, tras ponerlo en marcha, espera unos segundos (al menos 30) al ralentí para que el aceite bañe bien el interior del motor. Luego, circula con suavidad.

Aparcar al sol y no usar un parasol

Otra mala costumbre que no deriva en una avería mecánica pero sí puede poner en riesgo la pintura y la carrocería de tu coche (que, no lo olvidemos, es la que te protege en caso de impacto), es no cuidar dónde aparcamos.

Y es que la pintura acabará en mal estado por una persistente exposición al sol, al igual que los diferentes plásticos y gomas del exterior. Del mismo modo, el uso de un parasol, evita la degradación de los plásticos (y la emisión de sustancias cancerígenas) y temperaturas excesivamente altas en el interior del habitáculo.

Equivocarse de combustible

Confundirse no es fácil pero sigue ocurriendo. Ten en cuenta que la boca de los depósitos tiene distinto tamaño igual que los boquereles de las gasolineras. En cualquier caso, si te llega a suceder, no pongas en marcha el vehículo y avisa a la grúa para acercar el coche a un taller para que vacíen y limpien el depósito.

Si te das cuenta en marcha (empezarás a notar ruidos, tirones...) en carretera, para lo antes posible e, igualmente, avisa a la grúa. En este caso, la avería será más grave.

También puede ocurrir (en los coches de gasolina) que repostes con gasolina con un octanaje equivocado o menos recomendable. Lo ideal es que uses siempre el recomendado por el fabricante, ya que obtendrás el mejor rendimiento del motor y sus piezas estarán mejor lubricadas.

Conducir habitualmente en reserva

Este mal hábito también relacionado con el combustible es malo para el motor. Ten en cuenta que la gasolina y el gasóil tienen impurezas que se depositan por decantación en el fondo del depósito. Si removemos, esas impurezas podrían, por ejemplo, obstruir un inyector (o varios), una avería no precisamente barata de reparar.

Lo más recomendable es circular siempre por encima de un cuarto de depósito... Y si tienes alguna duda sobre el estado de tu vehículo, consulta a los profesionales de los talleres asociados de Asetra: tus Talleres de Confianza.